Contemplo su hermoso rostro. No dice nada, pero me mira fijamente, sin pestanear apenas. En tan poco tiempo, he llegado a quererlo tanto. Alargo el brazo, le acaricio la mejilla, el cierra los ojos y suspira.
- Lo siento -le susurro.
El abre los ojos y me mira atonito.
- El que?
- Lo que he dicho.
- No me has dicho nada que no supiera ya. -Y el alivio suaviza su mirada-. Siento haberte hecho daño.
Me encojo de hombros.
-. No creo que pueda ser todo lo que quieres que sea -susurro.
Abre mucho los ojos, parpadea y vuelve a su rostro esa expresion de miedo.
- Ya eres todo lo que quiero que seas.
Que?
- No lo entiendo.
Cierra otra vez los ojos y veo que una mirada de emociones le cruza el rostro. Cuando los vuelve a abrir, su expresion es triste. Oh, no…
- Tienes razon. Deberia dejarte ir. No te convengo.
Se me eriza el vello y todos los foliculos pilosos de mi cuerpo entran en estado de alerta; el mundo se derrumba bajo mis pies y deja ante mi un inmenso abismo al que precipitarme. Oh, no…
- No quiero irme -susurro.
Mierda… eso es. Dejarlo seguir.
Se me vuelven a llenar los ojos de lagrimas.
- Yo tampoco quiero que te vayas -me dice con voz aspera. Alarga la mano y me limpia una lagrima de la mejilla con el pulgar-. Desde que te conozco, me siento mas vivo.
Recorre con el pulgar el contorno de mi labio inferior.
- Yo tambien -digo-. Me he enamorado de ti.
De nuevo abre mucho los ojos, pero esta vez es de puro e indecible miedo.
- No -susurra como si lo hubiera dejado de un golpe sin aliento.
Oh, no…
- No puedes quererme. No… es un error -dice horrorizado.
- Un error? Que error?
- Mirate. No puedo hacerte feliz.
Parece angustiado.
- Pero tu me haces feliz -contesto frunciendo el ceño.
- En este momento, no.
Oh, Dios… Esto se acaba. A esto se reduce todo: incompatibilidad…
- Nunca conseguiremos superar esto, verdad? -le susurro, estremecida de miedo.
Menea la cabeza con tristeza. Cierro los ojos. No soporto mirarlo.
- Bueno, entonces mas vale que me vaya -murmuro, haciendo una mueca de dolor al incorporarme.
- No, no te vayas -me pide aterrado.
- No tiene sentido que me quede.