6 dic 2012

Después de creer que la frase que aparece al principio de cada película "Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia" podría tener su cuota de coincidencia y que las casualidades en un porcentaje muy mínimo pueden existir, llegas a un parate de tu camino en que te das cuenta que la vida no es una película, no es un buen libro escrito y tampoco una obra de teatro bien dirigida. Comenzas a creer que de tu propia vida sos una mala directora, escritora y actriz.
Te das cuenta de que la vida no tiene un inicio-nudo-desenlace y mucho menos tiene ese orden lógico. Que las escenas románticas solo están en la imaginación de poetas y enamorados del amor. En tu vida no existen esas escenas que repetís en tu cabeza y que le pones re-play en el dvd. Te das cuenta que las escenas románticas no pasan con música de fondo ni un lindo paisajes de sol o de lluvia.
Empezas a reaccionar y a chocarte con una realidad donde no sos la escena de la película en la que el chabon te sigue y te pide que no te vayas. No, no lo sos.
Tu vida no tiene las escenas que terminan con un chiste y 'chau' problema. No, no lo sos.
No lo sos, porque aunque no quieras aceptarlo o no te guste, seguís la regla y la excepción que queres ser es solo el conjunto de ilusiones que de apoco te fuiste juntando.
Ilusiones que quizás te lastiman cuando no pueden ser cumplidas, ilusiones que sostenían gran parte de tu mundo y te daban un poco de esperanzas para creer en un futuro que te agradaba. Pero las ilusiones duelen cuando uno se olvida que ellas son solo algo efímero que la cabeza crea y no siempre se puede vivir de ilusiones. Más tarde o temprano se terminan rompiendo y se aplica la regla de que no sos la excepción.