24 jul 2012

Te idealizo.


Te espero, como quien desea el verano en pleno junio, subsistiendo en ese escenario calcado. Te planeo, te proyecto como se organiza un viaje sólo de vuelta, con un plano lleno de cruces en todas las calles que de antemano he pisado contigo (aunque nunca hayas puesto un pie en ellas). Sin ser tú consciente hemos paseado con correa a mi nudo en la garganta, a mi hueco del estómago, a mi necesidad continua de huidas en cada oportunidad que tengo de advertirme más incapaz de huir de mí misma, rindiéndome de esta suerte a la certeza. Y es que si el problema no es este lugar, seré yo.


Te concibo como a un ídolo, como al escritor de mi libro de cabecera, aquel que hizo magia describiendo una caída de calcetines y dos trenzas rubias. Te agiganto como se hace en catálogos de hotel con las fotos, te exagero como los anunciantes de las paradas de autobús: detergentes para ropa sin estrenar, anuncios de rímmel con pestañas postizas, sonrisas blanco nuclear, todos mucho más felices bebiendo cerveza (no seré yo quien les contradiga), conduciendo descapotables rojos inaparcables, las muñecas prendidas a relojes sumergibles (30 metros) para el día que ahoguen las obligaciones auto-infligidas de los esclavos del tiempo en que nos hemos visto convertidos últimamente.

Te acomodo entre dos ideas, te acoplo en los pocos huecos que aún me quedan libres, en un pedazo de la imaginación que en otro tiempo presumió de desahogo espacial, donde la ventana siempre está abierta para que no dejes de arrojar piedras por si un día, sin querer, te hago llorar y nos hundimos los dos.

Te idealizo como a un genio muerto, aunque estés más vivo de lo que yo he estado en meses.
Como lo hace cualquiera que se enamora de un personaje, olvidando al total del actor que hay detrás. Como a las revoluciones, creyéndote el milagro político que lo cambiará todo.
Como los fanáticos religiosos a sus dioses de barro y oro. 

Te hiperbolizo como al amor eterno, cuatro manos arrugadas que sigan acariciándose entre cuatro paredes repletas de recuerdos intensos.