16 mar 2012

Quizás, bebí más de lo que debía.
Tal vez, esperé más de lo que tuve.
Probablemente, di más de lo que tenía.

Me embriagué, lloré y quedé sin nada.
Sin nada que ofrecer.
Sin nada que soñar.
Sin nada para olvidar.

Sin embargo, ahí estuviste,
sosteniendo mis desmayos
escuchando mis temores
recibiendo mi desconsuelo.

No sólo estuviste,
sino que te quedaste
y más encima con gusto
¿qué diablos agradeces entonces?

No Señor.
La confianza no se agradece,
se gana
(Mejor dame un abrazo, y calla).